Todos la rechazan, pero a veces se acepta la agresión en la pareja

Por Redacción Central – Los Tiempos. Las mujeres tienden a ser más tolerantes con la violencia machista en casos de infi-delidad, mal cuidado de los hijos o cuando la esposa se emborracha.

Un dato aparentemente alentador, sobre todo si se lo compara con los de anteriores estudios similares, es el que indica que la mayoría de la población cochabambina, tanto entre hombres como entre mujeres, considera que en ningún caso se justifica que un hombre le pegue a su mujer. En efecto, cuando a la gente se le preguntó: “Algunas veces se justifica que un hombre le pegue a su mujer. ¿Qué tan de acuerdo está usted con esa afirmación?”, un total de 86,8 por ciento de las personas encuestadas dijo estar “En desacuerdo” o “Muy desacuerdo” con esa afirmación.

Visto el asunto desde el punto de vista de género, no se hallan diferencias muy significativas pues es muy leve la variación entre el 86,58 de varones y el 86,98 de mujeres que se manifestaron intolerantes contra cualquier forma de violencia contra la mujer.

Sin embargo, el optimismo sobre lo que tales respuestas pueden reflejar de la mentalidad colectiva se encuentra con un límite cuando ante las mismas personas se abordó el tema desde un diferente ángulo y se les preguntó: “En qué casos se justifica que el esposo o la esposa golpee a su pareja?”

Al plantearse el problema en esos términos, y cuando a la gente se le da razones concretas, los resultados indican que “Cuando no cuida bien a los hijos”, “Cuando le ha sido infiel” y “Cuando se emborracha o se va de fiesta” son las tres razones que son consideradas por un porcentaje muy alto de hombres y mujeres como causas que justifican que las parejas lleguen a los golpes.

A esa conclusión se llega al desmenuzar las respuestas de la gente, pues casi la mitad de la población (48,5 por ciento) considera que no cuidar bien a los hijos justifica que un esposo o una esposa golpee a su pareja. Más de la mitad de los hombres 56,7 por ciento así opina, frente a 39,6 de mujeres que ve como legítima esa causa de agresión.

En segundo lugar como causa aceptada de violencia figura la infidelidad. Al llegar a este punto del cuestionario llama la atención el dato según el que los hombres serían más tolerantes que las mujeres ante la infidelidad de pareja, o por lo menos dispuestos a llegar a la violencia por esa causa. En efecto, de un total de 35,4% de personas que cree que un acto de infidelidad es buen motivo para que un esposo o esposa golpee a su pareja, resulta significativamente mayor (42,7%), el porcentaje de mujeres, frente a 28,8 por ciento de varones que justifican la violencia si esta es causada por un acto de infidelidad.

“Cuando se emborracha o va de fiesta”, causa aprobada por 27,5 de la población (28,2 por ciento de mujeres y 27,0% de varones), aparece como el tercer motivo que justificaría una agresión de pareja. Una vez más, como en el caso de la infidelidad, son más las mujeres que los hombres los que así opinan.

“Cuando le insulta o le dice palabras feas”, “cuando se pierde sin avisar” “cuando coquetea con otra(o)” y “cuando le esconde cuánto dinero gana”, en ese orden, son otras de las razones por las que un significativo número de personas, entre hombres y mujeres, justifica las agresiones.

Al plantearse de ese modo la pregunta, se pudo constatar que si bien en términos generales la gente tiene una opinión negativa de la violencia de pareja, no lo es tanto que no considere que, aunque sea excepcionalmente, ésta pueda justitificarse. Así lo confirma el hecho de que sólo 6,9 por ciento de las personas haya sostenido que descartando todas las anteriores opciones, haya optado por afirmar que “Nunca se justifica”.

Para indagar sobre la medida en que las opiniones de las personas están motivadas en su propia experiencia, se les pidió que contesten: “Pensando en la relación con su pareja, ¿han tenido problemas que se manifestaron en alguna de las siguientes formas?” 1.- Si recibe o recibió insultos, comentarios humillantes o hirientes, ¿amenazas?, 2.- Si recibe o recibió empujones. 3.- Si recibe o recibió golpes con la mano o con el pie. 4.- Si recibe o recibió golpes con algún objeto y si no tuvo ninguno de los problemas anteriores fueran las opciones entre las que las personas encuestadas eligieron su respuesta.

Según las respuestas obtenidas, las parejas cochabambinas serían relativamente pacíficas, pues 30,8 por ciento de los varones y 24,1 de las mujeres afirmó que nunca tuvo que afrontar alguna de las situaciones descritas.

Mujeres, las más agredidas

Entre quienes sufrieron alguna de las formas de agresión señaladas, los insultos, comentarios humillantes o amenazas aparecen como las más comunes un 21,2 por ciento de hombres y 32,5 de mujeres afirmó haberlas sufrido.

Formas extremas de violencia, como haber recibido golpes con la mano o el pie afectan a las mujeres en una proporción notablemente mayor que a los hombres. En efecto, mientras sólo 3,1 por ciento de los hombres afirma haber sufrido una agresión física directa (con manos o pies), ese porcentaje se eleva a 10,9 cuando se trata de mujeres.

Exactamente la misma tendencia se observa cuando de agresiones más graves, para las que el o la agresora utilizó algún objeto se trata. Sólo 0,3 de los hombres afirmó haber sido víctima de esa forma de agresión, lo que contrasta con el 3,0 por ciento de las mujeres encuestas que reveló haber tenido que afrontar esa forma de violencia en algún momento de su relación de pareja.

LA MIRADA FEMENINA ES MÁS ESCÉPTICA

Uno de los temas que se quiso indagar a través de la encuesta fue la manera cómo las personas perciben que las leyes, normas e instituciones vigentes en nuestro país para combatir la violencia doméstica han servido, desde su experiencia personal, para afrontar el problema.

Para ello, a la gente se le hizo el siguiente planteamiento: “Y pensando en los servicios de asesoramiento legal a mujeres y familias, como el SLIM, la defensoría municipal y la Brigada de Protección a la Familia ¿Diría usted que estos servicios son: Muy buenos, buenos, ni buenos ni malos (regulares), malos o muy malos (pésimos).

La mayoría de la población encuestada (56,6 por ciento) no tiene una opinión categórica sobre la calidad de los servicios de asesoramiento legal a mujeres y familias. Y aunque es ligeramente menor el porcentaje de mujeres que optan por calificarlos como “regulares”, no es mucha la diferencia frente al 58 por ciento de los varones que así lo hace.

Es en cambio significativa la diferencia cuando se disgregan los datos de quienes los califican como “buenos” y “muy buenos” (23,6 por ciento) , o “malos” y “pésimos” (19,9 por ciento) pues la opinión negativa entre mujeres (21,9 por ciento) es muy superior al 17,8 por ciento de varones que así opina.

“¿Hasta qué punto diría que el Gobierno actual promueve y protege los derechos de las mujeres?” fue otra de las preguntas y se propuso a la gente que otorgue una calificación de 1 a 7.

Agrupadas las respuestas en tres segmentos (calificación reprobatoria, de 1 a 3, regular (4) y aprobatoria 5, 6 y 7), el balance final resulta muy positivo para la gestión gubernamental. Entre los hombres son más (58,3) quienes la valoran positivamente ), 25 por ciento quienes la califican como regular y sólo 16,98 por ciento quienes consideran que merece una nota desaprobatoria

Entre las mujeres, en cambio, sin dejar de ser positiva, la percepción no lo es tanto pues las calificaciones aprobatorias llegan a 54,20 por ciento, mientras que las reprobatorias se elevan hasta 23,49 por ciento.

ANÁLISIS

Percepciones y experiencias sobre la equidad

Roberto Laserna, CERES

Los cochabambinos tienden a sostener que la desigualdad de género ya no es un problema serio en Bolivia y que con los avances de los últimos años las mujeres tienen similar poder de decisión que los varones.

Sin embargo, también se inclinan por apoyar el establecimiento de cuotas que garanticen la participación femenina en los órganos de poder y a que el gobierno impulse políticas firmes para que los ingresos de las mujeres no sean inferiores a los de los varones.

Si uno considera estos datos en conjunto encuentra fácilmente que se contradicen. Si tienen similar poder, ¿para qué las cuotas? Y si la desigualdad ya no es un problema. ¿para qué las políticas?

Estas contradicciones se explican porque las respuestas de los encuestados revelan sus opiniones o percepciones, pero también sus experiencias. Y aunque ambas dimensiones no siempre son diferentes, una encuesta puede descubrir que con frecuencia sí lo son. Eso es lo que sucede en el tema de la desigualdad de género.

Los gobiernos han estado enfatizando la problemática de la discriminación hacia la mujer y lo ha hecho con discursos, con actos y con leyes. Se habla del tema, hay mujeres en el gabinete y en las asambleas, y hay nuevas leyes que son publicitadas por los medios.

Todo esto moldea la opinión de la gente e influye en sus percepciones: las cosas han cambiado. Pero la vida diaria, donde tienen experiencias concretas, les dice que no es así, y que aún queda un largo camino por recorrer. Las percepciones no coinciden con las experiencias, y la encuesta del Foro Regional plantea preguntas en ambas dimensiones, de manera que nos permite detectar, precisamente, esta disociación.

Lo interesante es que, en este caso, las percepciones parecen estar alentadas también por el deseo de que se hagan realidad, como lo prueba el hecho de que en general la gente tiende a favorecer políticas más eficaces cuando se le plantean no cuestiones generales sino problemas concretos.

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