Aún hay personas que justifican la violencia contra las mujeres

OPINIÓN | Un 17 por ciento de hombres y 10 por ciento de mujeres creen que en algunos casos está permitida la violencia machista. Los varones perciben de diferente forma la magnitud de este grave problema, así como de la equidad de género en la política

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José Antonio Lara Navarro – Los Tiempos

“Algunas veces se justifica que un hombre le pegue a su mujer. ¿Qué tan de acuerdo está usted con esa afirmación?”. Fue la pregunta que se hizo a las personas encuestadas para averiguar su opinión sobre la violencia contra la mujer.Según los resultados obtenidos, y aunque en líneas generales es muy superior el porcentaje de personas que declara estar en desacuerdo o muy en desacuerdo con que haya algún motivo que justifique la violencia contra la mujer, hay todavía un significativo porcentaje (16,60 por ciento entre hombres y 10,27 por ciento entre mujeres) que considera que sí, que en determinadas circunstancias, se justifica que un hombre pegue a una mujer.Es en el cono sur cochabambino donde mayor condescendencia pueden encontrar quienes justifican la violencia contra la mujer y la zona metropolitana donde más firmemente es rechazada esa actitud.Al relacionar la edad con el nivel de tolerancia hacia la violencia contra la mujer, resulta llamativo el hecho de que sea entre los más jóvenes que se encuentran las opiniones más permisivas. Así, más de 15 por ciento de las personas menores de 25 años y algo más del 14 por ciento de las menores de 35 años están de acuerdo o muy de acuerdo con que bajo ciertas circunstancias los hombres peguen a las mujeres. En el otro extremo, son las personas de mayor edad las que más rechazan esa posibilidad.

PERCEPCIONES DIFERENTES
Los hombres y las mujeres no tienen igual percepción sobre la frecuencia con que las mujeres son víctimas de agresiones de su pareja. Así lo indican los diferentes porcentajes con que unos y otras indican haberse enterado de algún caso de violencia doméstica en su familia.“¿Sabe usted si alguna mujer de su familia ha sido víctima de violencia física de parte de su pareja? Fue la pregunta que se hizo con el propósito de indagar sobre la experiencia directa de las personas en relación a la violencia contra la mujer. Según los resultados arrojados por esa consulta, resulta significativa la diferencia entre la manera como los hombres y las mujeres perciben la magnitud del problema.En efecto, mientras 44,78 por ciento de las mujeres afirmó estar enterada de que alguna mujer de su familia fue víctima de la violencia doméstica, sólo un 31,98 por ciento lo hizo.A juzgar por las respuestas dadas a esta pregunta, los valles serían la región donde más personas conocen casos de violencia contra las mujeres entre sus propias familias, pues más del 45 por ciento de la gente consultada respondió afirmativamente, mientras en las demás regiones del departamento ese porcentaje es inferior al 40 por ciento.Y así como es entre los segmentos más jóvenes de la población donde se encuentra la mayor tolerancia hacia la violencia contra la mujer, es también entre las personas menores de 35 años donde se expresa mayor conocimiento de casos de violencia en la familia propia.Sobre la predisposición de las personas afectadas por la violencia doméstica a recurrir a las autoridades, lo que se observa es una tendencia relativamente uniforme a no hacerlo. Con muy ligeras e irrelevantes variaciones relacionadas con edad y lugar de residencia, más del 60 por ciento afirma que no sabe de alguna persona que lo haya hecho.
PARTICIPACIÓN EN LA POLÍTICA
Según los datos de la encuesta regional, los hombres tienen una percepción muy positiva sobre los avances de nuestra sociedad hacia la equidad de género, pero las mujeres no parecen estar tan seguras de que la igualdad entre ambos géneros , cuando de participar en la actividad política se trata, sea suficiente para considerar que ese es un problema ya superado en la actualidad.Así lo indica el hecho de que los hombres que consideran que ahora hay igualdad entre hombres y mujeres en la política sumen más del 80 por ciento de la población consultada, pero sólo algo más de 70 por ciento de las mujeres tiene la misma opinión y en la zona metropolitana donde es mayor la percepción positiva sobre los niveles de equidad de género en la actividad política.
LOS JÓVENES, A FAVOR DE PEGAR A UNA MUJER
Los más jóvenes de los encuestados, los que están entre los 19 y los 25 años, son quienes más de acuerdo están con la afirmación según la que alguna vez se justifica que un hombre pegue a una mujer.Un 2,45 por ciento de quienes pertenecen a este grupo etáreo afirmó estar “muy de acuerdo”, y 13,06 por ciento “de acuerdo”. Entre ambos, suman 15,51 por ciento de opiniones favorables a la posibilidad de que bajo ciertas circunstancias las mujeres sean objeto de violencia. Sólo un 37,96, se pronunció “muy en desacuerdo”.En el otro extremo, es entre las personas cuyas edades están comprendidas entre los 46 y 55 años donde más rechazo hay a la violencia contra las mujeres. Paradójicamente, fueron más las mujeres (1.71 por ciento) que los hombres (1,54) que se declararon “muy de acuerdo” con que en algunas circunstancias se justifique la violencia. En cambio fue sólo un 29,34 por ciento de los hombres, en contraste con 50,76 por ciento de las mujeres, que optó por declararse “muy en desacuerdo” con esa posibilidad.Entre los hombres que están “muy de acuerdo” y “de acuerdo” con que alguna vez se justifique pegar a una mujer, suman 16,60 por ciento.
Análisis
La (in)justicia y la violencia
Vivian Schwarz Blum socióloga y politóloga, Ciudadanía
¿Qué calificación le daría usted a la justicia boliviana? Pocas personas dudan o piensan mucho para responder a preguntas que hacen referencia a las condiciones de justicia en nuestro país.La encuesta de opinión pública de Ciudadanía indica que los cochabambinos confían muy poco en las instituciones y las personas encargadas de impartir justicia; por ejemplo desconfían de que el sistema judicial boliviano garantice un juicio justo para todos los ciudadanos.
¿Y por qué no? Para los bolivianos “la justicia boliviana es considerada ineficiente, burocrática y con alta incidencia de corrupción” (Barómetro de las Américas, 2012). A ello se añaden problemas de desempeño, dependencia, retardación de justicia y los resultados son devastadores.
La desconfianza en las instituciones y personas encargadas de impartir justicia no son un problema exclusivo del sistema judicial. La debilidad institucional del sistema judicial trasciende ese espacio y se transforma, por ejemplo, en una desconfianza del principio de justicia en sí, y de la capacidad del Estado de garantizar, implementar y hacer cumplir cualquier noción de justicia que tengamos o de hacernos sentir que las instituciones encargadas tienen capacidad y voluntad de protegernos.
La debilidad de las instituciones judiciales también tiene consecuencias prácticas en la vida cotidiana de las personas. Por ejemplo, los “desprotegidos” buscan una fuente alternativa de protección y los datos de opinión pública muestran que el nivel de aprobación de que la gente haga justicia por mano propia en Cochabamba es de 50 puntos en una escala de 100, un nivel de aprobación muy alto para una acción ilegal y criminal, pero – para algunos- necesaria.

Y sin embargo, el fortalecimiento de las instituciones judiciales no parece ser una prioridad del Estado, no hay propuestas de políticas públicas para el sector judicial, el presupuesto anual del Órgano Judicial es muy reducido, las propuestas electorales no discuten este tema y nadie marcha, ni hace huelgas, ni paros, ni firma peticiones para demandar la garantía de su derecho a la justicia.

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